El aislamiento en tiempos del coronavirus

Encerrados, así estamos. Deseosos de que abran las puertas de la normalidad para salir, olfatear la vida y correr tras ella, como los perros. Ellos, paradójicamente, nos sacan a pasear en esta realidad donde el aislamiento es sinónimo de existencia y la obediencia un bien de primera necesidad y cuya escasez provoca la proliferación de un virus que pone en evidencia la negligencia de unos, la ausencia de sentido común de otros y la solidaridad de muchos.

El aislamiento social es la clave para frenar la evolución del coronavirus.  Poner distancia entre familiares, amigos, vecinos, pueblos, ciudades y naciones nunca había sido tan necesario, porque en estos momentos somos nuestros propios verdugos y el confinamiento es la vacuna que evitará que el virus se siga expandiendo de forma libre y autosuficiente como hasta ahora.

En Madrid, la ciudad que nunca duerme, el número de contagios crece de manera exponencial y el sistema sanitario español empieza a colapsarse: los médicos enferman y los recursos  escasean. Esto en un país con uno de los mejores sistemas sanitarios. No quiero ni imaginar lo que puede pasar en aquellos donde la precariedad impera y la insensatez de sus dirigentes campa a sus anchas ante la mirada impasible de sus habitantes.

No es el apocalipsis, pero podría llegar a serlo si no ponemos de nuestra parte. Si no aceptamos y acatamos el estado de alarma. ¿Saldrían de casa con un tornado? Claro que no. Este virus es eso: un tornado que no se ve pero que se siente y se lleva a aquellos que, por edad o por otras afecciones,  resultan más vulnerables o de mayor riesgo.

Hace una semana, en España empezamos una cuarentena por quince días que hoy se extiende, por el momento, hasta finales de marzo. En China e Italia, el aislamiento empieza a dar resultados con la disminución del número de contagios. En estos países, en paralelo al confinamiento de los humanos, el medio ambiente se está beneficiando con la reducción de la contaminación del aire en China y del agua en los canales de Venecia, en Italia… ¡Para pensar!

Nuestros usos y costumbres (paseos, salidas, etc) afectan a los demás y no ayudan a quienes lo están dando todo por brindarnos seguridad y estabilidad. La medicina es y será una de las ciencias más importante de la humanidad, sin ella estamos perdidos  y sin quienes la ejercen estamos desamparados. Por ti, por mí, por todos: #Quédateencasa.

Imagen: elaboración propia.

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